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SANGREyLITERATURA

MINIFICCIONES 1

MINIFICCIONES 1

¿MÁS?

Había una vez un colorín colorado.

GUERRA  FRÍA

Había una vez un colorín colorado que fue acusado de comunista.

INFARTO

INFARTO

Al sentir la inyección del opaco líquido en su cuerpo, el ratón se retorció, después le vino una calma, la cual fue aprovechada por el científico para hacer una observación a aquel lugar en donde todo era viejo: la idea, la ilusión, la esperanza, los matraces, el microscopio, las jaulas, los ratones dentro de las jaulas... 

Vino a romper el ensimismamiento del viejo científico el movimiento del ratón al pararse en cuatro patas, su pelaje dejo de ser grisáceo y las articulaciones antes entumecidas le ayudaron en su loco huir por la mesa. 

-¡Eureka! ¡Encontré el elixir rejuven...!- el fuerte dolor retroesternal que se irradió al brazo izquierdo y al cuello, le impidió concluir la frase y le hizo caer al suelo. Expiró en quince segundos.

CUENTO INCONCLUSO

CUENTO INCONCLUSO

-Siempre hay un tiempo para todo, aunque, cuando se tienen demasiadas ocupaciones en el día, pareciera que efectivamente no hay tiempo que alcance y que el día debería tener dos o tres horas más para no tener que posponer aquello que realmente nos llena, nos nutre y nos permite vivir en este mundo loco. Así, le tenemos que robar minutos al sueño, a los sesenta minutos que nos dan en la oficina para comer, o a las vacaciones para tener que hacer todo aquello que nos gusta pero para el que no tenemos tiempo, porque primero hay que trabajar. No siempre es así, cuando se es niño, el tiempo pareciera que trascurre más lento y el día nos puede parecer largo y aburrido, y constantemente preguntamos cuánto falta para mi cumpleaños, cuánto para Navidad, cuánto para que terminé el año. Y a los consejos de los viejos se los lleva el viento, y el tiempo se lleva a los abuelos, los padres los tíos y a todo aquél que quiera dar un consejo a los adolescentes que no experimentan en cabeza ajena y que al tener “todo el tiempo del mundo”, dejan todo para “al ratito”, o para el mañana que será otro día en el que dirán: “Después lo hago, luego lo terminó, ¡chin, se me olvido!...” Para cuando nos llega la jubilación ya nos queda poco tiempo, y entonces recordamos esos pendientes y vamos a ellos, los rescatamos del olvido, porque si bien, tuvimos hijos y plantamos árboles, aún no hemos escrito un libro.  

-Y eso es todo, no es cuento, ni poesía, es lo que escribí para este último día; algo autobiográfico, pues así me paso a mí: trabajé, trabajé y trabajé sin darme ni tener tiempo para mí, ni para mis cuentos y ahora que soy viejo, viudo y mis hijos se han ido a ocupar su tiempo en trabajar para llevar la comida y el sustento a sus casas, recordé aquellos viejos cuentos que escribí en la adolescencia y que guardé tanto tiempo, según creía, en el armario, en el que sin embargo no estaban cuando fui por ellos, para rescribirlos, para pulirlos, para impregnarles mi experiencia de hombre viejo. Sólo encontré algunos apuntes dispersos y una lista con los títulos de aquellos cincuenta cuentos de mi adolescencia. No me importó, mi mente recordaba la trama básica de todos ellos, y pensé en rescribirlos, y lo hice, logre reconstruirlos casi a la perfección, aunque como decía, no hice más que pulirlos y embutirles mi experiencia de hombre viejo, de hombre de letras, que es lo que soy ahora; pues consideró que a mis noventa años, es en lo que me convirtió este taller de lectura y redacción que atinadamente dirigió y llevó a cabo el maestro... El maestro... Este, este... 

La intervención del escritor, conferencista y tallerista responsable de aquel curso de lectura y redacción para gente de la tercera edad, salvó a don Canuto del dilema que para él representaba enfrentarse a su nuevo enemigo, la enfermedad de Altzheimer:

-Bien, ¿alguien más que quiera leer lo que hoy en este último día de taller, escribió? 

Pequeños poemas, cuentos y autobiografías fueron leídos en lo que le restaba a la tarde, y aunque para los autores de los mismos, el maestro tuvo palabras de elogio y alabanza un poco exageradas, él sabía que de todos esos alumnos sólo don Canuto le hecho todas las ganas y aprovechó al máximo el taller de lectura y redacción, por ello, le dijo al último, al despedirse definitivamente de él:                        

-Don Canuto, espero que escriba más cuentos, los que si usted quiere, le puedo comentar aquí en la casa de la cultura, en donde ahora impartiré el mismo curso a adolescentes. Venga cuando usted quiera.

-Gracias, maestro. Muchas gracias. Pero créamelo, ya he escrito todo lo que quería escribir, o rescribir. De hecho, escribí otros cuarenta cuentos más. Aquí lo tengo todo- elevó un poco la laptop que el maestro le enseño a usar-. Pienso imprimir mis noventa cuentos, uno por año de vida, en un libro, que regalaré a todo aquél que se deje.

-La literatura será la única perdedora si usted deja de escribir- agregó el maestro.

-¡Já! Otra vez gracias, maestro, pero aunque lo quisiera, no podría escribir... Todo se me olvida... Ya ve que hasta su nombre olvidé hace un rato.  

El maestro no dijo más, y dejo ir a don Canuto, a quien acompañó con la mirada, pero su mirada no pudo ver que esa tarde, en el parque, en que descansaba camino a casa, la enfermedad del olvido, el Alztheimer, se instaló en el anciano, y le hizo olvidar la laptop en la banca, extraviarse en el monstruoso Distrito federal y vagar por sus calles hasta convertirse en la inspiración para el personaje de un cuento, que un adolescente escribía, pero que al paso del tiempo dejo inconcluso.

EL QUIJOTE Y OTRAS PUTERÍAS (Sexta de nueve partes)

EL QUIJOTE Y OTRAS PUTERÍAS (Sexta de nueve partes)

La Celestina (1499) es la primera novela en castellano; con un uso magistral de los diálogos; y, es una obra que en el transcurso de de subsecuentes ediciones se supo el nombre de su autor (Fernando de Rojas), incrementó sus capítulos, se puso prólogo, cambió el nombre, de Comedia a Tragicomedia de Calixto y Melibea, y, finalmente es conocida como el vulgo la rebautizó: La Celestina; tomando el nombre de uno de los personajes principales, la alcahueta que ayuda a Calixto a conquistar a Melibea, nombre que también sirvió para bautizar a las alcahuetas como celestinas, un nombre menos altisonante que el de puta vieja, con el que se le nombra dentro de la obra, y que a decir de Sempronio no le molesta a la Celestina el ser nombrada así. 

Al comentarle Calixto a su sirviente Sempronio lo mucho que le gusto Malibea, este dice: Traérsela he hasta la cama. Por lo que Calixto pregunta cómo, y se le aclara que usando una alcahueta: (...) una vieja barbuda que  se dice Celestina, hechicera, astuta de cuantas maldades hay. Entiendo que pasan de cinco mil virgos (hímenes) los que se han hecho y desecho por su autoridad en esta ciudad. Calixto, satisfecho, manda ir por ella, Sempronio va por ella, y ya de vuelta tocan a la puerta, por lo que Parmeno, otro criado, acude y le dice a Calixto que quien llama a la puerta es Sempronio y una puta alcoholada (no alcohólica, sino con el pelo desteñido o pintado de rubio con alcohol).  Calixto reprende a su criado por llamarla así, por lo que el otro replica: ¿Y tú piensas que es vituperio en las orejas de ésta el nombre que la llamé? No lo creas; que así se glorifica de oír. (...) Y demás, de esto, es nombrada y por tal título conocida. Si entre cien mujeres va y alguno dice: ¡Puta vieja!, sin ningún empacho luego vuelve la cabeza y responde con alegre cara. 

Y como casi todo lo que es exitoso es copiado, hubo otras novelas que imitaron el tema de La Celestina, entre ellas La hija de la Celestina (1612), La Lozana andaluza(1528) y otras más las que fueron aceptadas de manera diferente por los lectores de esa época y los críticos literarios de esa y otras épocas. El peso de algunos de estos críticos, es tal, que puede ensombrecer posteriores análisis, tal como ocurre con La Lozana andaluza, escrita por el mismo que escribió el prólogo del Amadis de Gaula, Francisco Delicado, quien en su novela escribió mucho de lo divino y humano y que por ello, no se ha podido librar del epíteto de “plagio sin arte y obra pornográfica”, que le dio Menéndez y Pelayo.  

El argumento de La lozana andaluza es simple y muchas veces repetido en obras antiguas o actuales: La pobre muchacha que por amor se entrega a un hombre, el que la deja porque su familia se opone al matrimonio con alguien de estrato socioeconómico menor; y así, orillada por las circunstancias, cae en la putería, con lo que sorprende a quienes antes la conocieron: Paseando por la judería la reconoce una vieja: "¡Ay, mi alma parece que os he visto y no sé donde! ¿Por qué habéis mudado vestidos? No me recordaba; ya, ya, decíme, ¿y, habéis os hecho puta?  Y sí, aquella pobre muchacha se convierte en puta, pero no en cualquier puta, sino en una puta que instruye a otras putas, una puta que se las sabe todas: -Señora Lozana, ¿cuántos años puede ser puta una mujer puta?  -Lozana: Dende doce años hasta cuarenta.  -Capitán: ¿Veinte y ocho años?   -Lozana: Señor, sí; hartarse hasta reventar. Por ello, esta novela también puede ser tomada con un tratado de la putería femenina, en el que se dan datos de la forma de vestir, maquillar, cobrar y jubilarse de los diferentes tipos de putas, muchos de los cuales aún existen:  ¿Qué quiere dezir cortesanas ricas y pobres? ¿Putas del partido o mundarias?  (...)Todas son putas. Essa diferençia no's sabré dezir, salvo que hay putas de natura y putas usadas, de puerta herrada, y putas de gelosía, y putas d'empanada. (...)Pues dexáme acabar, que quiçá en Roma no podríades encontrar con hombre que mejor sepa el modo de cuántas putas hay, con manta o sin manta. Mirá, hay putas graçiosas más que hermosas, y putas que son putas antes que mochachas. Hay putas apassionadas, putas estregadas, afeitadas, putas esclareçidas, putas reputadas, reprobadas. Hay putas moçárabes de Çocodover, putas carcaveras. Hay putas de cabo de ronda, putas ursinas, putas güelphas, gibelinas, putas injuinas, putas de Rapalo, rapaínas. Hay putas de simiente, putas de botón griñimón, noturnas, diurnas, putas de çintura y marca mayor. Hay putas orilladas, bigarradas, putas combatidas, vençidas y no acabadas, putas devotas y reprochadas de Oriente a Poniente y Setentrión; putas convertidas, repentidas, putas viejas, lavanderas porfiadas, que siempre han quinze años como Elena; putas meridianas, ocidentales, putas máxcaras enmaxcaradas, putas trincadas, putas calladas, putas antes de su madre y después de su tía, putas de subientes e deçendientes, putas con virgo, putas sin virgo, putas el día del domingo, putas que guardan el sábado hasta que han xabonado, putas feriales, putas a la candela, putas reformadas, putas xaqueadas, travestidas, formadas, estrionas de Tesalia. Putas avispadas, putas terçeronas, aseadas, apuradas, gloriosas, putas buenas y putas malas, y malas putas. Putas enteresales, putas secretas y públicas, putas jubiladas, putas casadas, reputadas, putas beatas, y beatas putas, putas moças, putas viejas, y viejas putas de trintín y botín. Putas alcagüetas, y alcahuetas putas, putas modernas, machuchas, inmortales, y otras que se retraen a buen vivir en burdeles secretos y públiques honestos que tornan de principio a su menester.

La cabalgata de un hidalgo.

Miguel de Cervantes Saavedra debió de leer muchos libros de caballería en los cuales encontró muchas de las virtudes de los caballeros e hidalgos que infundió a su Quijote; y también debió leer aquellas novelas que trataban sobre lo divino y humano. Es posible que al leer La lozana andaluza se haya sentido enojado al ver cómo Francisco Delicado utilizó el cabalgar cómo un sinónimo de fornicar, tal como ocurre en un diálogo que la Lozana sostiene con un hidalgo que le pide hacerla de alcahueta con una mujer a la que él desea, pero la Lozana se confunde, y pensando ganar ella el dinero, dice:  -Digo que si vuestra merçed no tiene de hazer sino besar, que me bese a mí. A lo que el hidalgo contestó:  -¿Cómo besar? ¡Que la quiero cabalgar!

Son diversas las metáforas con alusiones sexuales y lo mismo se usa verbos como tejer o hilar cuando el sexo lo realiza una mujer; y para la penetración masculina se usa asaltar un castillo o entrar a saco, al igual que el empleo de las frutas para referirse a los órganos sexuales; toda una sinonimia que describe lo divino y humano que es hacer el amor en la ciudad del amor, en Roma, donde está ambientada la casi la totalidad de la historia de la novela; ciudad de la que Francisco Delicado nos dice en la parte final de La lozana andaluza: voltando las letras, dize Roma:  AMOR.

EL QUIJOTE Y OTRAS PUTERÍAS (Quinta de nueve partes)

EL QUIJOTE Y OTRAS PUTERÍAS (Quinta de nueve partes)

     Los hijos legítimos de  España son los hidalgos (hijo de algo); estos fidalgos, como lo escribía el arcipreste de Hita, son aquellos católicos sin mezcla con judío ni moro; los bien nacidos, los de a caballo, los hijos de algo y que por ende algo tienen, aunque no siempre lo que tengan sea dinero, sino tan sólo el orgullo de ser “puros de sangre”, pero no tan puros como para no ir a dar a la cárcel, en donde no importaba la pureza o impureza racial del reo, por lo que convivían hidalgos y judíos influenciándose mutuamente. Está documentada la coincidencia del hidalgo Miguel de Cervantes Saavedra y el descendiente de judíos Mateo Alemán en los últimos meses de 1597 dentro de la cárcel de Sevilla, dos años antes de publicarse  el Guzmán de Alfarache, y ocho antes de aparecer el Quixote.

   

El Guzmán de Alfarache es la historia de los que nada tienen, de los bastardos, de los de sangre mezclada, de los de a pie... De esta forma, concibo al Guzmán de Alfarache, como una sátira de los caballeros, de los caballos, de la sociedad que rechaza a los hijos de moros o judíos, de una Iglesia que por decreto prohíbe el nacimiento de mulas. Así, el nacimiento de Guzmán se da del cruce de un español casado con mora,  y una coscolina esposa de un español en la tercera edad. El mulillo (¿machillo?) resultante va a pie, con su sangre mezclada y suelta o recibe hi de puta o hideputa, de manera indistinta, durante toda su vida de pícaro.

 

Y no, Cervantes no quería una conducta pícara, ni un nacimiento bastardo para su personaje el Quijote, tomando con ello, distancia de algunos libros de caballería, como el Amadis de Gaula, en donde el nacimiento de Amadis se da dentro de una trama propia de un encuentro fugaz, de un amor a primera vista, de un rapidín. El rey Garínter encuentra a otro rey peleando con tres hombres, a los que vence, y entonces se identifica también como rey el Perion de Gaula; total, es invitado al castillo del rey Garínter, que tiene una bella y virginal hija, Elisena. La atracción sexual surge, la alcahueta está ahí y ayuda, y la doncella deja de serlo en un día. El bastardo nace de un parto secreto, con lo que el honor de la princesita queda a salvo. El bebé surgido, es abandonado a su suerte en un portabebé de madera que hace las veces de barca, en donde el futuro Amadis de Gaula, va a la deriva junto a un anillo y una espada reales que su madre puso con él. Es encontrado por otra bella princesita  y su padre, otro rey. El bastardo llega a ser un gran guerrero y por ello, su padre adoptivo decide hacerlo caballero, pero antes le dice las condiciones en que fue encontrado y después adoptado. A lo que, el Amadis de Gaula responde: Mas a mí no pesa de cuanto decís, sino por no conocer mi linaje, ni ellos a mí; pero yo me tengo por hidalgo, que mi corazón a ello me esfuerza.

 

El Amadis de Gaula, escrito entre los años de 1492 y 1504, es también la fuente en donde abrevó Cervantes en lo referente a hacer creer al lector que lo que escribe es la traducción de un una historia escrita en una lengua extranjera. Así, Cervantes tiene a Cid Hamet Benengeli o Berenjena o Benangeli que es el sabio e historiador arábigo que “escribió” el Quijote, mientras que, en el prólogo del Amadis de Gaula, Garci Ordóñez, el autor, escribe: (...) (a)paresció en una tumba de piedra, que debajo de la tierra de una ermita cerca de Constantinopla fue hallado, y traído por un húngaro mercader a estas partes de España, en la letra y pergamino tan antiguo, que con mucho trabajo se pudo leer por aquellos que de la lengua sabían. Lo cual tenía mucho de razón, pues los tres primeros libros, de los cinco, ya eran conocidos antes de que Garci Ordóñez los enmendara, corrigiera y los rescribiera con un español menos arcaico. Y de su pluma parece haber salido el cuarto libro, con el que se da fin al Amadis de Gaula, y también escribió, la continuación del mismo: Las sergas de Esplandián.

Francisco Delicado, que años después escribiría La Lozana andaluza, que es la obra del siglo de oro español en la en más ocasiones se encuentra escrito la palabra puta, escribió el prologo del cuarto libro del Amadis de Gaula, en donde se lee: (...) Enseña a los caballeros el verdadero arte de caballería. (...) Otrosí (también) aquí está encerrado el arte del derecho de amor, la lealtad y cortesía que con las damas se ha de usar, las defensas y derechos que a las dueñas los caballeros les deben de razón, las fatigas y los trabajos que por las doncellas se ha de pasar. (...) Así que todos estos frutos sacarás de esta tan alta historia, la cual, el Delicado, que corrector de la impresión, tanto le pareció divina como humana. 

Aunque el resaltar con negritas lo divino y humano lo hice yo, bien sirve para recapacitar sobre esas palabras, las mismas con las que crítica Cervantes a la Celestina:  Libro en mi opinión,  divino,/  Si encubriera más lo humano-. Lo humano, ¿qué es lo humano? No es acaso, el divino amor entre un hombre y una mujer.

EL QUIJOTE Y OTRAS PUTERÍAS (cuarta de nueve partes)

EL QUIJOTE Y OTRAS PUTERÍAS (cuarta de nueve partes)

Hay de matrimonios a matrimonios cómo bien lo dice el arcipreste de Talavera: Cuatro maneras son de casamiento: las tres son reprobadas, e la una de loar. La primera manera sí es : cuando el mozo casa con la vieja; esta tal madre bendita, con sus (ar)rugas en el vientre, ¿Qué espera? (…) que el mozo tenga una o dos o más enamoradas. (…)Ay la segunda manera de matrimonio o amor reprobado, cuando el viejo casa o ama a la moza. ¿Qué espera el tal viejo(…) que (a)cabe tal buey de arada(o)¿Con una impresionante cornamenta?- pregunto yo. (…)Item (también) ay otro amor e casamiento reprobado(…)  el de la vieja con el viejo, que non son sinon para reñir. (…)La cuarta manera  de matrimonio es aprobada: el mozo con la moza.

 

Tal parece que Cervantes, a sabiendas de lo que tendría que escribir sobre el Quijote si a este lo hubiera casado con Dulcinea, un moza joven, prefirió evitar el matrimonio, huyendo otra vez de las puterías; pues es obvio que leyó los cuentos insertados por el arcipreste de Talavera a lo largo de su Corbacho; que es otro de los aportes de este libro a la literatura mundial, y castellana, principalmente: la inserción a lo largo de la obra de otras pequeñas historias, tal cómo lo hizo Cervantes en el Quijote, y otros autores en diversas obras. En el Corbacho tenemos insertado en la obra varios cuentos cortos, el que creo, tuvo en la cabeza Cervantes al escribir los dos tomos del Quijote, en el que se lee la posibilidad que existe de que la esposa joven de un marido muy viejo le dé por ser puta:

 

Otro ejemplo quiero contar: cómo un caballero viejo tomó por mujer una moça, la cual mucho amó; tanto, que cada noche cerraba él mismo las puertas de su casa y ponía las llaves debajo de su almohada de dormir. Acaesçió que este caballero, por ser viejo, no contentaba a su muger, así en el acto carnal como en las cosas que le menguaban, e por tanto, la muger amaba otro; e cada noche tomaba las llaves durmiendo su marido, e se iba con su enamorado y faziéndolo muchas veces, acaesçió una noche que se despertó el marido e fúese a la puerta e fallóla abierta e cerróla por dentro, e subio a los corredores altos de la casa e miró por una ventana fasta la plaça. Lugo vino su mujer, y hallando la puerta cerrada, estaba triste; empero tocó la puerta, y respondió el caballero: “Mala mujer, muchas noches te he probado. Certifícote que de fuera quedarás.”

E dixo ella: “Señor yo soy sentada llamada por una esclava de mi madre, que yace tan doliente que creo que no se levantará desta enfermedad. Por ende, vos ruego que por amor de dios me abrais.” “E él respondió:  “Por çierto no entrarás.”Ella, oyendo esto, díxole: “Señor, tú sabes que aquí, cabe (al final de) la puerta esta un pozo, e si non me abres, yo me echaré en él.E él dixo: “Pluguiese a Dios que te echases.” E dixo ella: “Señor, pues si así lo quieres yo me lançaré en él; mas primero quiero encomendar mi alma a Dios y a la Virgen María.”  Dicho esto, llegase al pozo e lanzo a dentro una gran piedra, escondióse cabe la puerta. El caballero, como oyó el golpe de la piedra, dixo: “Guay de mi, que mi mujer se ha af(h)ogado. E descendió luego e corrió al pozo.”  E ella, estando escondida, como vio la puerta abierta, luego entro en casa e cerróla. E subió a la ventana; entretanto, estuvo el caballero cabe el pozo llorando e diziendo: “¡Oh desventurado, que he perdido mi tan cara y amada mujer; maldita sea la hora en que cerré la puerta.”E oyendo ella esto e burlando, le dixo: “¡Oh, viejo maldito!, ¿cómo estás ay a tal hora? ¿No te basta mi cuerpo? ¿Por qué vas cada noche de puta en puta e dexas mi cama?”  Entonces vinieron los guardas e prendiéronle e castigarándole toda la noche en la presión.  

Bibliografía del Quijote

Cuando Cervantes delineaba el perfil del escudero de su Quijote, a parte de los escuderos de los diversos caballeros andantes de la literatura, tuvo en mente al arcipreste de Hita: Era mintroso, beodo, ladrón e mensturero (chismoso) / Tahúr, peleador, goloso, rrefertero (reyertero: peleonero) / reñidor, adevino, susio e agüero,/ Necio e perezoso: tal es mi escudero.  Que iba al lado del arcipreste sufriendo con él, pero al menos no caminaba, pues: Más val´(e) con mal asno al ome (hombre) contender. Y claro que ese hombre, ese escudero,  debía tener un nombre, un nombre que quizá tomó Cervantes del refrán que cita el arcipreste de Talavera en El Corbacho al hablar del hablar de más: A buen callar llaman Sancho. Dice en el proemio de las Clementinas sobre aquella palabra Silenzio, dize: El (h)fablante sea discreto en (h)fablar. Dice más Ovidio: Non ay menor trabajo que callar e mayor pena que mucho fablar, porque trae consigo el mismo errar. Dice Catón que la primera virtud créese refrenar la lengua. Dice Sócrates: Decir, me pesó; callar nunca. Dice el arcipreste: Sabyenza, temprano callar; locura, demasiado fablar. Sí, callar, callar sobre la putería, los matrimonios de ancianos con mozas. Callar sobre la fornicación y la descripción de estos vicios humanos: tal y cómo lo sostiene Miguel de Cervantes Saavedra, en unos versos de cabo corto (o amputado) que introduce al principio de su primer tomo,  en los que hace una crítica literaria el autor de la Celestina:  Según sostiene Celesti- / Libro en mi opinión,  divi-,/  Si encubriera más lo huma-. Y qué cosa más humana que las puterías.

VIVIENDA DIGNA

VIVIENDA DIGNA

Al pie de una ventana, con la mirada puesta en el horizonte, el conde Barak llevo sus pensamientos a Europa y como un carrusel de fotografías, los siglos XVII, XVIII y XIX, pasaron por su mente para detenerse en el siglo XX, específicamente en lo ocurrido el trece de febrero de mil novecientos ochenta y nueve: Gerard, su ayudante, un simple mortal, lo traicionó al ponerlo frente a las cámaras de televisión. El conde Barak tomó entonces tres decisiones: no volver a tener ayudantes humanos; vengarse de Gerard; y salir de Europa. Fue así, después de matar a Gerard, como llegó a la ventana de la vieja casona del siglo XVII, que en el primer cuadro de la ciudad de México, diecisiete años antes, el conde adquirió en setenta millones de dólares. 

En México, el conde Barak abandonó el ataúd, las capas y los sombreros de copa como un acto de modernidad, y ahora dormía en una confortable cama, vestía modernos trajes en tonos oscuros, y, ocasionalmente, se ponía un sombrero que combinara con sus trajes. A la “típica comida mexicana”, como la nombraba, trataba de acostumbrase; pues no soportaba del todo el amargo sabor que el plomo, que pululaba en el contaminado aire, le daba a la sangre de los habitantes de la ciudad de México. Lo que más le encantaba es que, a diferencia de Europa, aquí, la aparición de un cadáver con dos orificios en el cuello no tenía las repercusiones que allá: No se hacían exhaustivos estudios forenses; la policía no investigaba; y, sobre todo, no había cazavampiros o periodistas que lo importunaran. 

Durante sus vuelos nocturnos en busca de un trago de sangre fresca, aunque amarga, el conde Barak veía desde las alturas la ciudad y sus problemas: Nuevas colonias en la periferia, una gran explosión demográfica, falta de vivienda, manifestaciones... Nunca pensó que dichos problemas le afectaran, por el contrario, creía que a mayor número de habitantes mayor disponibilidad de alimento; pero, la mañana de un trece de febrero del año dos mil seis, los problemas de la ciudad llegaron frente a su vieja casona: Una mitin se efectuaba ese soleado día, en él, un orador arengaba al numeroso contingente: “Compañeros, no es justo que esta vieja casona permanezca sola y vacía, cuando nosotros necesitamos de espacios en los cuales construir una vivienda digna. Y que no digan que es patrimonio cultural, pues ya hace veinte años, el Instituto Nacional de Antropología e Historia dictaminó que debía demolerse. Por eso, y sólo por eso, se permitió que el propietario anterior la vendiera, para quien la comprara, después de tirarla, construyera aquí un nuevo edificio. ¡Pero, miren, ahí sigue! Quién la compró, no necesita de un lugar para vivir. De hecho, en los diecisiete años que han trascurrido desde que la adquirió, nunca ha pagado predial. Por eso, compañeros, hoy realizamos un acto de justicia al posesionarnos de ella. ¡Vamos compañeros! ¡Vamos!”. 

Hombres, mujeres y niños entraron en tropel a la casona, rompieron los candados de las puertas, quitaron los tablones que obstruían las ventanas, y el sol, entró con todo su esplendor...  La pequeña explosión que se produjo sobre la cama al desintegrarse el cuerpo del vampiro, distrajo por un momento al par de hombres que colgaban una manta en el marco de la ventana preferida del conde Barak; pero fue sólo un instante de distracción, tras el cual reanudaron su labor y terminaron de extender la manta con el nombre en vertical de la asociación civil: “Vivienda digna”. Al final, el más joven de los hombres, lanzó un grito de jubilo a través de la ventana; un grito que bien pudo haber llegado hasta Europa.

VIOLENCIA INTRAFAMILIAR

VIOLENCIA INTRAFAMILIAR

Podría decirse de aquella pareja que eran el uno para el otro. Ambos disfrutaban de bailar; les gustaban comidas similares; sus defectos se compensaban con las virtudes del otro; no había celos entre ellos,  y, sobre todo, se acoplaban del todo al hacer el amor. Sus problemas en las propios de las parejas que se aman a pesar de no poder tener hijos: Ahorrar para una vejez tranquila, y esperar que el otro no sea infeliz. Por eso, cuando Mario desapareció con los ahorros de los dos, sin siquiera una nota que explicara su ausencia, su pareja lloró, bebió, maldijo y finalmente, al no poder dejar de dejar de amarlo, lo perdonó. Lo que no pudo perdonar, seis meses después, fue que Mario apareciera convertido en María gracias a una muy costosa cirugía jarocha y a los efectos de la  medicación hormonal femenina. 

El final de aquella historia de amor le llegó a Marío-María en el suelo, jadeante, derramando gruesas lágrimas, sin tres dientes y con un hilillo de sangre escurriendo desde una herida en la frente, cuando oyó las últimas palabras que José, el amor de su vida, parado en el resquicio de la puerta, dijo antes de dar un portazo e irse para siempre:

-Si hubiera querido una mujer, me hubiera buscado una mujer.