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SANGREyLITERATURA

SACRA

SACRA

-Ca al (pues otra cosa) non escrivemos sinon lo que leemos- dijo Gonzalo de Berceo.

-Sí, pero pocos lo confesamos... - Fray Notti deja de hablar para no revelar secretos de confesión.

ZAPATILLA DE CRISTAL

ZAPATILLA DE CRISTAL

En cuclillas, en la dura labor de dejar reluciente el piso, pensó en su madre, en la muerte de ella, en su padre que se volvió a casar, en su madrastra, en sus hermanastras, en el baile que el rey hacía para escogerle novia a su hijo el príncipe, en las ganas que tenía de ir a ese baile y en cuentos de hadas. Suspendió su quehacer, meneó la cabeza de lado a lado y sonrió con tristeza antes de continuar puliendo el piso. Y así hubiera seguido de no ser por  el pequeño ruido -¡pof!- que hizo al aparecer el hada madrina, la que le dijo:

-Vengo para hacerte realidad tus deseos. Iras al baile y bailarás con el príncipe que se enamorará de ti. Sólo te pongo una condición: Tienes que salir del baile antes de que de que el reloj dé la última campanada de las doce. ¿Está claro?

-Sí, sí- dijo cuando hubo salido de su sorpresa y aventado la franela y la cubeta lejos de sí. 

Al palacio real llegó en una lujosa carreta jalada por cuatro hermosos corceles, con un magnífico vestido, su pelo adornado con un lindo sujetador de oro y diamantes, y, en el colmo de las coincidencias, con unas hermosas zapatillas de cristal. Causó sensación su hermosura y su elegancia en el vestir, por lo que ocurrió lo que pronóstico el hada madrina: bailó con el príncipe, y éste le declaró su amor, justo en el momento en que el gran reloj de palacio comenzó a dar las doce campanadas que señalaban la media noche. Con el temor reflejado en su rostro, se separó del príncipe y corrió a la salida. Afuera, vio cuando la carreta volvió a su anterior forma de calabaza, a los caballos volver a ser los pequeños ratones que antes eran, y como el lujoso vestido se transformó en los harapos que apenas cubrían su cuerpo. Tuvo que caminar hasta su casa, a donde llego muy de madrugada, pero afortunadamente antes de que regresaren del baile su madrastra y sus dos hermanastras. A la mañana siguiente, cuando pulía el piso de la sala, tocaron a la puerta, y hubiese abierto la puerta sino es que a grandes gritos su madrastra se lo impidiera:

-¡No abras! ¡Lo haré yo!- y agregó un poco más calmada: -Tú, vete a esconder a la cocina que nada tiene que ver contigo esto; el príncipe anda buscando, casa por casa, a la bella princesita que ayer olvidó una zapatilla de cristal antes de huir del baile. Ha prometido que se casará con aquella a quien le quede perfectamente la dichosa zapatilla. Ojalá le quede a alguna de mis hijas. 

La mala madrastra no le tuvo que repetir la orden, pacíficamente tomó los enseres del aseo y se fue a la cocina, pero no a esconderse, pues había mucho quehacer pendiente, así que se puso a fregar y pulir el piso de la cocina. Desde ahí, oyó que a la mayor de sus hermanastras la zapatilla le quedó chica, y que a la menor de ellas le quedó grande, y también oyó que a la pregunta del príncipe de si había alguien más en esa casa, su madrastra contestaba:

-Sólo la servidumbre.

-Que vengan- ordenó el príncipe.

-Pero...- intentó replicar la madrastra.

-¡Haga lo que se le ordenan!- gritó uno de los acompañantes del príncipe.

 Herida en su orgullo, la madrastra fue a la cocina, de donde llegó acompañada por quién perdió rápidamente la sonrisa de su rostro cuando el príncipe, decepcionado y sin reconocerlo, dijo:

-Tenía razón, no tenía caso- y dio la media vuelta para salir de la casa seguido de su comitiva. 

No fue necesario que la madrastra le ordenara retirase, arrastrando los pies, se dirigió a la cocina, en donde triste, decepcionado y desesperanzado reinició su diaria labor; lo hizo con la delicadeza propia de un hombre como él, pero a diferencia de otras veces, esta vez puso más empeño y esfuerzo cuando comprendió que  hacer el aseo de la casa, lavar la ropa y cocinar para su padre, su madrastra y sus hermanastras le servía de terapia ocupacional y le hacía olvidar los cuentos de hadas y sus sueños de ser una bella princesita.

MIS TRABAJOS

MIS TRABAJOS

Leopoldo (sus trabajos). De Augusto Monterroso.  “...Es un cuento acerca de un pretendido cuentista que no puede escribir cuentos, contado por un cuentista que si sabe escribir”. (Jaime Erasto Cortés en El cuento siglos XIX y XX. Editorial Promesa, México, 1985; página 437)    

Del Samborn´s me fui directamente a buscarlo. Lo encontré donde y como siempre: echando la hueva en la hamaca. Creo que quiso decirme: ¿qué onda?, pero no lo dejé y le solté mi rollo:

 

-Sabes qué, pinche ñero putañero. ¡Esta, esta, esta! ; o mejor dicho: ¡este!, este es el número ciento cuatro, tomo decimosexto, año vigésimo cuarto, bimestre enero-febrero, de la revista “El Cuento”.  Ten, te la regalo. Por mí no te preocupes, compré todas las que llegaron a Acapulco. ¿Y sabes que tiene de extraordinario esta revista?. ¿Sabes qué?.  ¿Sabes qué?.

 

-¿Qué?

 

-¡No me interrumpas! Es retórica. Esta revista marca el inicio de una nueva época, de un nuevo ciclo en la literatura nacional. Y digo esto, porque en la página treinta y siete de esta revista viene incluido el cuento, ¡el maravilloso cuento!, mi cuento: “Pistoleros”. El que tanto criticaste, el que dijiste que era una mierda. ¿Qué dices ahora? ¡Di algo! Puedes hablar.

 -Pues... te felicito... Leopoldo.

CRISTÓBAL NEONATO

CRISTÓBAL NEONATO

 Rieron tanto de él, como de su teoría de la redondez. Las risas de disimularon cuando obtuvo el patrocinio de los gobernantes católicos. Y las risas seguían cuando ya las naves bogaban en el espacio.

EL QUIJOTE Y OTRAS PUTERÍAS (Final)

EL QUIJOTE Y OTRAS PUTERÍAS (Final)

En el capítulo 6 del segundo tomo del Quijote de Cervantes, la sobrina de don Quijote, exasperada de las locuras de su tío le dice: (…) ¡que se dé a entender que es valiente, siendo viejo; que tienes fuerzas, estando enfermo, y que endereza tuertos estando por la edad agobiado, y, sobre todo, que es caballero, no lo siendo, porque aunque lo puedan ser los hidalgos, no lo son los pobres…!  -Tiene mucha razón, sobrina, en lo que dices- respodió don Quijote-, y cosas te pudiera yo decir cerca de los linajes, que te admiraran; pero por no mezclar lo divino con lo humano, no las digo.

Cervantes era un idealista puro; lector del amor moralista, divino, místico y platónico de León Hebreo, San Juan de la Cruz, el arcipreste de Hita, el arcipreste de Talavera, y, quizá, un poco menos, del cardenal italiano Pietro Bembo, que en 1505, cien años antes del Quijote, escribió en sus tres diálogos amorosos conocidos como Gli asolani: “El amor en pareja debe ser el fuego divino que purifica lo que es celestial del alma humana”. Y esas lecturas lo llevaron a idealizar toda relación amorosa de sus personajes, en donde el amor es casto, espiritualizado, concentrado en la belleza espiritual del ser amado y sin el pecado de la carne. Sin embargo, conciente de que es necesario perpetuar la estirpe de los cristianos, caballeros e hidalgos, y aún, las almas de los plebeyos, da un consejo, al parecer, a su sobrina Constanza, pues es el nombre que también tiene la protagonista de La gitanilla: Una sola joya tengo, que la estimo en más que a la vida, que es la de mi entereza y virginidad. Si vos, señor, por sola esta prenda venís, no la habéis de llevar sino atada con las ligaduras y lazos del matrimonio; que si la virginidad se ha de inclinar, a de ser a este santo yugo; que entonces no sería perderla, sino emplearla en ferias que felices ganancias prometen. 

Así, luego de una etapa de noviazgo sin relaciones premaritales, se podía acceder a lo humano del amor, es decir a lo "carnal" o "sensual", que es como se define Covarrubias a lo humano en su diccionario de 1611, el Tesoro de la lengua castellana o española. Y ésta acepción de lo humano como algo material es la que permeaba la literatura del siglo de oro español, de ahí que el capítulo tercero del la segunda parte de Guzmán de Alfarache escribe: "¡Todo lo pueden los poderosos! Y acordéme de cierto juez que habiendo usado fidelísimamente su judicatura y siendo residenciado, no se le hizo algún cargo de otra cosa que de haber sido humanista. Lo cual, como se le reprehendiese mucho, respondió: 'Cuando a mi me ofrecieron este cargo, sólo me mandaron que lo hiciese con rectitud y así lo cumplí. Véase toda la instrucción que me dieron y donde se trata en ella de que fuese casto y háganse dello cargo.' De manera que, porque no lo llevan dicho expresamente, les parece que no van en contra su oficio; aunque barran todo un pueblo."

 Quizá, Cervantes, que desbordaba idealismo, hubiese querido que la vida de sus familiares, de las cervatanas, y la de él mismo, fuese una historia de amor; pero como no fue así, llevó su idealismo a sus obras , como La española inglesa, en donde cuenta que Cleotaldo, un capitán ingles, se roba a una niña en un acto de pedófilia cristiana: que la tenía escondida en su nave, aficionado, aunque cristianamente, a la incomparable hermosura de Isabel, que así se llamaba la niña. A la que lleva a Inglaterra, en donde tenía un hijo, Ricaredo, enseñado de sus padres a amar y temer a Dios y a estar muy entero en las verdades de la fe católica, el que a los doce años, aquella complacencia y agrado de mirarla se volvió en ardentísimos deseos de gozarla y de poseerla: no porque aspirase a esto por otros medios que por los de ser su esposo. Y por ello le confiesa su amor, en los términos de divinidad y humanidad: Hermosa Isabela, tu valor, tu mucha virtud y grande hermosura me tienen como me vees. Pero, la familia de Recaredo es castigada por continuar educando a Isabel en la fe católica, y por ello, la reina manda de corsario a Ricaredo y  le promete entregarle a Isabel a su regreso, sin embargo, como en toda novela, apareció el villano en la forma del conde Arnesto. Este Arnesto, pues, se enamoró de Isabela tan encendidamente, que en la luz de los ojos de Isabela tenía abrasada el alma; y aunque, en el tiempo que Ricaredo había estado ausente, con algunas señales le había descubierto su deseo, nunca de Isabela fue admitido. Y, puesto que la repugnancia y los desdenes en los principios de los amores suelen hacer desistir de la empresa a los enamorados, en Arnesto obraron lo contrario los muchos y conocidos desdenes que le dio Isabela, porque con su celo ardía y con su honestidad se abrasaba. (…) Y fue su determinación matar con tósigo a Isabela; y, como por la mayor parte sea la condición de las mujeres ser prestas y determinadas, aquella misma tarde atosigó a Isabela en una conserva que le dio, forzándola que la tomase por ser buena contra las ansias de corazón que sentía. (…) Poco espacio pasó después de haberla tomado, cuando a Isabela se le comenzó a hinchar la lengua y la garganta, y a ponérsele denegridos los labios, y a enronquecérsele la voz, turbársele los ojos y apretársele el pecho: todas conocidas señales de haberle dado veneno. (…) Finalmente, Isabela no perdió la vida, que el quedar con ella la naturaleza lo comutó en dejarla sin cejas, pestañas y sin cabello; el rostro hinchado, la tez perdida, los cueros levantados y los ojos lagrimosos. Finalmente, quedó tan fea que, como hasta allí había parecido un milagro de hermosura, entonces parecía un monstruo de fealdad. Por mayor desgracia tenían los que la conocían haber quedado de aquella manera que si la hubiera muerto el veneno. Con todo esto, Ricaredo se la pidió a la reina, y le suplicó se la dejase llevar a su casa, porque el amor que la tenía pasaba del cuerpo al alma; y que si Isabela había perdido su belleza, no podía haber perdido sus infinitas virtudes. 

Toda la obra de Cervantes es así, un largo tratado del amor puro, del puro amor, del divino amor, en el que no cabe lo humano ni el humanismo de los poderosos, sean estos hidalgos pobres o hidalgos ricos, y más aún: sin importar que la dama a quien este dirigido ese amor puro, sufra de una enfermedad o envenenamiento que la pongan fea, o bien, como Dulcinea sea, como se lee en los sonetos finales del primer tomo: y de rostro amondongado (deforme por bolas),/ alta de pechos y ademán brioso,/ es Dulcinea, reina del Toboso/ (…) ella dejó, muriendo, de ser bella,/ y él, aunque queda en márnoles (mármoles) escrito,/ no pudo huir de amor, iras y engaños. Pero la verdad es que sí pudo, el Quijote, huir del amor carnal y sensual, del amor humano e ir a refugiarse en el amor divino.

 

Por el contrario, el Quijote apócrifo es una obra humanista, que no sólo no encubrió lo humano, sino que lo recreó, sino magistralmente, al menos si, muy cercano a la realidad de su tiempo, del tiempo de los dos Quijotes, en la que todo caballero tenía sus andanzas, y que el Quijote verdadero, con tan rica vida andante debió tener y conocer, pero que paso frente a ella, sin manchar su armadura, ni la pluma de Cervantes.

 ¿Quién fue el puto de Avellaneda?

En la frase inicial del Quijote apócrifo: “El sabio Alisolán, historiador no…” creyó don Marcelino Menéndez y Pelayo que se encuentra, en forma de anagrama, el verdadero nombre del autor, que para él era un oscuro poetastro llamado Alfonso Lamberto. También yo creo que Alisolán es el anagrama imperfecto de Solisdán y de Gli asolani, el primero es el “sinónimo voluntario” o apodo del que se quejó en su prólogo el autor del falso Quijote y que uso Cervantes  en los sonetos iniciales del primer tomo del Quijote verdadero, y el segundo, el título que uso Pietro Bembo para sus tres diálogos amorosos.

 

He logrado contar veintiocho posibles autores del Quijote de Avellaneda, entre ellos al mismo Cervantes; agrego uno más: Xerónimo de Texeda, cura y gramático castellano avecindado en Francia, quien, entre otras cosas, enseña el uso correcto del punto y el paréntesis, además de dar la gramática correcta del hijo de puta (hijo deputa); pero esa, es otra puta historia…

EL QUIJOTE Y OTRAS PUTERÍAS (Octava de nueve partes)

EL QUIJOTE Y OTRAS PUTERÍAS (Octava de nueve partes)

En  el primer tomo del Quijote que fue titulado como El Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, y que apareció en 1605, en diecisiete frases se emplea la palabra puto (a), cinco de las cuales son dichas por don Quijote, once por Sancho Panza, y una más por un ventero (¿A dónde estás puta?). Sólo en dos de las frases el empleo del puta tiene el sentido de ser una expresión refranesca o de asombro(y que cada puta hile; la puta que me parió); mientras, que en otras, la inserción del puta tiene un carácter peyorativo contra la madre de aquél contra el que está dirigido el insulto (don hijo de la puta; hideputa; la puta que te parió; etc); más aún, es don Quijote quien en una frase refuerza la descalificación al considerar a la madre de un cabrero como la muy hideputa puta que os parió. Y aunque en dos frases, el puto parece ser empleado con la acepción de homosexual (para el puto que no se casare) o de cobarde (¡Huye, puto!), Cervantes nunca escribió sobre putos, putas o puterías en ese primer tomo de su Quijote, ni el segundo ni ninguna otra obra suya. 

El puto de Avellaneda

En 1614 apareció el llamado Segvundo tomo del Ingenioso hidalgo don Quixote de la Mancha, compueſto por el licenciado Alonſo Fernández de Auellaneda, natural de la Villa de Tordeſillas. El libro tiene una profusión de frases (veintiocho) en las que se alude al puto(a) o a la putería; de ellas, sólo una es dicha por don Quijote, otra por un ventero, otra más por una mujer y las restantes por Sancho. Pero las puterías de este libro van más allá, tal como paso a enumerarlas: 1.- En la adarga (escudo de cuero) que porta el falso Quijote se encuentran escritos unos versos de cabo corto o amputado, en uno de ellos se lee: A los hombres dando el cu-. 2.- En un diálogo entre don Quijote y Sancho Panza se hace alusión a la infidelidad, y a los “cuernos” que se fortifican en el castillo de San Cervantes.  3.- Una mujer, que trabaja de moza en una venta u hostal, ofrece sus servicios carnales a don Quijote por tres o cuatro reales.  Dicha mujer había llegado a ser moza y complementar sus ingresos con la putería  después que engañóme un traidor de un capitán que me saco de mi casa, dándome palabra de casamiento. Ésta moza es luego insultada por el ventero: ¿Así me agradecéis el haberos sacado de la putería de Alcalá. 4.- De las dos historias intercaladas dentro del falso Quijote, la del Rico desesperado trata de monsiur Japelín, el que dio posada a un soldado por una noche, pero éste, abusa de la hospitalidad y al amparo de la oscuridad fornica con la mujer de Japelín, que recién ese día había parido; al siguiente día, por la mañana, el soldado se va; la esposa reclama a su esposo el que no haya respetado su condición de puérpera; Japelín comprende todo y va tras el soldado, lo mata para limpiar su honor; la esposa se suicida, Japelín también; y todo por un putañero soldado. La otra historia inmersa en el Quijote apócrifo, Los felices amantes, trata de una abadesa que huye con su novio, es abandona, ejercer de puta en Portugal, y, finalmente, arrepentida regresa a su convento, en donde nadie notó su ausencia por haber sido suplantada en su puesto de abadesa por la Virgen María, que, dicho sea de paso, es la misma leyenda que recolectaron o sirvió de base a otros escritores: como al rey Alfonso X, el Sabio, y su Cántiga XXVI; el milagro 25 de Juan Herolt; a Lope de Vega  en su La buena guarda y; a Zorrilla en Margarita la tornera.   5.- Un estudiante canta unas “Coplas a una dama llamada Ana”, nombre de una de las amantes de Cervantes, Ana Franca o Ana Rojas, la que a pesar de estar casada sostuvo un romance con Cervantes del que surgió una hija, la que junto con las hermanas y sobrina de Cervantes eran llamadas las cervatanas por tener una vida puteril.  6.- Y a pesar de que en el libro apócrifo don Quijote termina en el manicomio, logra salir y volvió a su tema... llevando por escudero a una moza... llevóla el buen caballero sin saber que fuese mujer, hasta que vino a parir en medio del camino. Otra vez el tema de travestismo para ocultar el género o un embarazo, huir o trabajar en una sociedad machista. A diferencia de Cervantes, Alonso Fernández de Avellaneda, o quien haya sido el autor del falso Quijote, si escribió sobre lo divino y lo humano, pero sólo lo divino y lo humano de la vida de Cervantes; por ello, se ha querido ver a la concepción del falso Quijote una burla a Miguel de Cervantes Saavedra, a la putería de su ciudad natal, a su amores con Ana, y a la vida puteril de sus hermanas, sobrina e hija.   El puto caballero.Para 1615 apareció el auténtico segundo tomo del Quijote, al que Cervantes, para diferenciarlo del apócrifo, tituló: El ingenioso caballero don Quijote de la Mancha; en ésta obra catorce veces se emplea la palabra puto(a), ocho de las cuales se encuentran en el capítulo 13, el que inicia así: Divididos estaban caballeros y escuderos, éstos contándose sus vidas, y aquellos sus amores. Es decir, lo divino para los caballeros y lo humano para la plebe. En éste capítulo, como ya se mencionó anteriormente, Cervantes, pone en boca de sus personajes inferiores socialmente, los escudero, la explicación del porque la expresión hijo de puta no debe ser tomada como un insulto.  Cervantes, como todo buen escritor, pone en boca de sus personajes las frases o palabras apropiadas a la acción que se desarrolla o a la idiosincrasia de los mismos, pero, como se ha insistido, Cervantes dejo de lado los argumentos putos, puteriles, y putañeros, así como los ambientes de puterías y , a diferencia de Quevedo que en al menos en un centenar de poesías uso el puto(a), sólo se conoce una solo verso del manco de Lepanto en el que introdujo el hideputa, el que, claro, como buen cristiano, caballero e hidalgo, solo uso para insultar a Satanás en La Ilustre fregona: (…) santígüense, y den al diablo/ dos higas de su higueral./ Escupan al hideputa/ por que nos deje holgar/ puesto que de la chacona/ nunca se suele apartar. En total concordancia con El corbacho que también usa el puto para referirse a Luzbel, al que hay que apartar, hacer a un lado o, simplemente, decirle ¡hazte para allá, puto diablo!, o como lo escribió el arcipreste de Talavera en el mencionado Corbacho: ¡Oxte, puto!

EL QUIJOTE Y OTRAS PUTERÍAS (Séptima de nueve partes)

EL QUIJOTE Y OTRAS PUTERÍAS (Séptima de nueve partes)

Si La Lozana andaluza es la obra en que más veces se ha escrito la palabra puta, el escritor que más escribió en toda su obra, sobre la barata y alegre putería, la extensión y fama del oficio de puta y de la natural inclinación de ser puta de la casada o doncella, fue Quevedo, un gran putañero, quien consideraba a las malas mujeres como Putas ambigüi generis; a quienes escribió, para que nadie menosprecie el título de puta, una Premática que han de guardar las hermanitas de pecar hecha por el fiel de las putas; en donde estableció los precios de las diferentes tipos de putas, y sólo exenta de pago si la puta es primeriza: A puta potrilla por domar y gazapitona, no se le dé nada, atento a lo que el hombre trabaja en enseñarla a dar gusto. Y lo mismo escribió de las suripantas que vinieron a Ámerica: Las putas cotorreras y zurrapas,/ alquitaras de pijas y carajos,/ habiendo culeado los dos mapas; o del uso de la putería en la política: No te quejes, ¡oh, Nise!, de tu estado/ aunque te llamen puta a boca llena,/ que puta ha sido mucha gente buena/ y millones de putas han reinado./ Dido fue puta de audaz soldado/ y Cleopatra a ser puta se condena/ Sintiose Venus porque tal hacía/ y al defenderse tuvo manos mancas/ por estallo la puta deseando.

Buscón e hijo de puta.
La vida del buscón llamado Don Pablos se publicó por vez primera en 1604, un año antes que el Quijote, en ella, el protagonista tiene por madre a Aldonza, el mismo nombre de la lozana andaluza y de Dulcinea del Toboso, y esa madre, pobre, trae al mundo un pícaro que todo lo sufría, hasta que un día un muchacho se atrevió a decirme a voces hijo de una puta y hechicera; lo cual, como me lo dijo tan claro (que aun si lo dijera turbio no me diera por entendido) agarré una piedra y descalabréle. Fuime a mi madre corriendo que me escondiese; contéla el caso; díjome: (…) Muy bien hiciste en quebrarle la cabeza, que esas cosas, aunque sean verdad, no se han de decir. El buscón huye de casa, resuelto a hacerse caballero, que para ello no hay que saber leer, pero la vida lo leva a la cárcel en donde un compañero de infortunio le confiesa que él está en prisión por cosas de aire, y así, sospechaba yo si era por algunos fuelles, chirimías o abanicos, y decíale si era por algo desto. Respondía que no, que eran cosas de atrás. Yo pensé que pecados viejos quería decir, y averigüé que por puto. Al salir de la cárcel se hace actor de teatro y le es recomendado: -Ea, quite la capa vuacé (vos), y parezca hombre… Y porque no lo tengan por maricón, ahajé (aje) ese cuello. Luego va a los brazos de una puta vieja y, casi, cae en manos de la justicia por lo que tiene que hacerse a las Indias.

Putos y putañeros.
Si bien Quevedo no escribió nunca la palabra putañero, ésta no es de manufactura moderna, tal como se podría creer, pues ya Francisco Rojas la emplea en La Celestina, en cambio, si fue Quevedo aquél que escribió con profusión las diferentes versiones, que hasta la actualidad la empleamos, de la palabra puto; como la defensa que hace, aún, el hombre que es llamado puto, pero que se siente más putañero que puto: Puto es el hombre que de putas fía,/ y puto el que sus gustos apetece;/ puto es el estipendio que se ofrece/ en pago de su puta compañía./ Puto es el gusto, y puta la alegría/ que el rato putaril nos encarece;/ y yo diré que es puto a quien parece/ que no sois puta vos, señora mía./ Mas llámenme a mi puto enamorado,/ si al cabo para puta no os dejare;/ y como puto muera yo quemado,/ si de otras tales putas me pagare;/ porque las putas graves son costosas,/ y las putillas viles, afrentosas. Pero Quevedo también escribió sobre las gracias y desgracias del ojo del culo, al que consideró una parte del cuerpo malquerida, pues lo que pecaron los miembros genitales lo paga el inocente culo. Pues al punto dice: “Fulano ya dio el culo.” Y pobre culo, sin poderse defender, pues la voz del ojo, que llamamos pedo (ruiseñor de los putos), no despierta más que exclamaciones y lugares comunes, como los actuales: Pasen a ver al león, No que era sordo, etc; al igual que Quevedo escribe sobre ello: Tenía costumbre de decir cuando uno se peía “¡cuerno!, por ahí comas carne y por la boca mierda. Por donde salió el pedo meta el diablo el dedo, la víbora el pico, el puerco el hocico, el toro el cuerno, el león la mano, el cimborrio del Escorial y la punta de mi caracol te metan amén”

Versos contestarios.
En uno de los versos iniciales del primer tomo del Quijote se leen aquellos por los que Solisdán dice a don Quijote porque no pudo conquistar el amor de Dulcinea: que sancho Panza fue mal alcahuete,/ necio él, dura ella y vos no amante; versos que por otro lado, pienso, eran más bien la contestación de Cervantes a la putería, la de Quevedo principalmente, que dice así: No le dieron dineros a Lucrecia,/ que, ¡vive Dios!, a dalla cien reales/ ella fuera más puta y menos necia,/ una puta probada y su alcahuete. Con lo que, nuevamente, se cruzan y anteponen lo divino y lo humano.

MINIFICCIONES 2

MINIFICCIONES 2

 

MISIÓN IMPOSIBLE

Al recoger los pedazos de cristal del suelo, el príncipe lamentó su pérdida y se descargo de remordimientos al culpar a la nueva moda de zapatillas de cristal para princesitas.

 

 

SANGRE AZUL

Que no le quisieran dar un beso lo comprendía, pero que a él, todo un príncipe, le dieran toques eléctricos en una anca...